Apuntes de un Testigo: Democracia a destiempo…

La ciudad a oscuras: entre la valentía y el abismo


Por Rafael Escobar

Hay decisiones que no admiten medias tintas. Se toman… y se sostienen. O se caen con todo su peso encima.

La reciente determinación del Cabildo de Veracruz de aplicar la requisa al servicio de alumbrado público operado por Wardenclyffe Veracruz Puerto no es un ajuste administrativo menor. Es, en realidad, una jugada de alto riesgo. De esas que pueden marcar un antes y un después… o convertirse en una pesada losa política.

El contexto explica, pero no justifica por sí solo. Durante años, el municipio pagó cerca de 16 millones de pesos mensuales bajo un esquema de Asociación Público-Privada que, a largo plazo, comprometía recursos por más de 2,800 millones. Una cifra que, vista en perspectiva, duele. Y duele más cuando el servicio —según el reclamo constante de los ciudadanos— dejaba colonias enteras en penumbra, con luminarias obsoletas y mantenimiento insuficiente.

La requisa aparece entonces como una especie de acto de ruptura. Un “hasta aquí”.

Pero romper es lo fácil. Sostener lo que viene después… es otra historia.

Porque el Ayuntamiento no solo tomó el control del servicio; heredó también sus problemas. Una red de más de 44 mil luminarias, infraestructura envejecida y una operación que, hasta ayer, descansaba en manos privadas. Hoy, esa responsabilidad recae en una estructura municipal que, siendo honestos, no fue diseñada para operar a esa escala de forma inmediata.

Ahí empieza el verdadero reto.

El primer frente es el jurídico. La empresa concesionaria y sus respaldos financieros no van a quedarse de brazos cruzados. Vendrán los amparos, las medidas cautelares, los argumentos sobre debido proceso. Y si un juez encuentra grietas en la forma en que se ejecutó la requisa, el costo podría ser brutal: indemnizaciones millonarias que terminarían pagando los veracruzanos.

El segundo frente es operativo. Y aquí no hay discurso que alcance. Sin grúas suficientes, sin stock de luminarias, sin cuadrillas robustas, la ciudad puede oscurecerse más antes de iluminarse mejor. El margen de error es mínimo. Cada poste apagado es un recordatorio visible de que la decisión aún no se traduce en resultados.

Y luego está el frente político. El más implacable de todos.

La ciudadanía no mide contratos ni litigios; mide calles iluminadas o calles en sombra. Si en los próximos 60 o 90 días Veracruz no se ve —literalmente— más brillante, el argumento del ahorro quedará enterrado bajo la percepción de ineficiencia. Y en política, la percepción suele pesar más que los números.

Porque sí, en papel, dejar de pagar 16 millones mensuales suena como una victoria. Pero ese dinero no es un premio disponible en caja. Tiene que reinvertirse de inmediato: en equipo, en personal, en materiales. La transición no es automática ni sencilla. Es, más bien, una carrera contra el tiempo.

Hay además un elemento que no se puede ignorar: el alumbrado público no es solo un tema de imagen urbana. Es seguridad. Es prevención. Una ciudad a oscuras no solo es incómoda… es vulnerable. Y cualquier falla en esta transición impactará directamente en la percepción —y la realidad— de la seguridad pública.

En medio de todo esto, el Ayuntamiento apuesta por una carta interesante: la auditoría social. Los reportes ciudadanos, las evidencias acumuladas, las quejas documentadas. Ese expediente será clave en los tribunales. No bastará decir que el servicio era deficiente; habrá que probarlo con precisión quirúrgica.

Y ahí se jugará otra parte de la batalla.

Lo cierto es que estamos frente a una decisión valiente. No hay que regatearlo. Romper con un contrato de este tamaño implica asumir costos, enfrentar intereses y exponerse al desgaste.

Pero también es una decisión peligrosa.

Si el Ayuntamiento logra, en poco tiempo, demostrar que puede operar mejor, más rápido y con mayor eficiencia, habrá sentado un precedente importante contra esquemas contractuales que durante años han drenado recursos públicos. Será, sin duda, una victoria política y administrativa de alto calibre.

Si no lo logra… el efecto puede ser exactamente el contrario.

Porque entonces la narrativa cambiará: de la valentía a la improvisación, del ahorro a la crisis, de la decisión firme al error costoso.

Hoy, Veracruz está en ese punto exacto donde las decisiones dejan de ser discurso y se convierten en realidad.

Y la realidad, a diferencia de los discursos, no admite justificaciones.

Se ve.
Se siente.
Y, en este caso… se ilumina o se oscurece.