Apuntes de un Testigo: Democracia a destiempo…
¿Colosio: verdad o narrativa de Estado?
Por Rafael Escobar
El 23 de marzo no es una fecha más en el calendario político de México. Es una herida abierta.
A más de tres décadas del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, la pregunta sigue intacta, incómoda y persistente:
¿algún día México sabrá la verdad absoluta?
Lo que antes parecía un caso cerrado bajo la versión del “asesino solitario”, hoy vuelve a sacudirse desde los cimientos. No porque exista ya una verdad definitiva, sino porque el propio Estado ha decidido reabrir una historia que nunca logró convencer del todo.
El caso Colosio ha dejado de ser memoria para convertirse, nuevamente, en campo de batalla.
I. El magnicidio como arma política
En 2026, el expediente Colosio no solo se litiga en tribunales; se disputa en la arena pública.
Morena y el oficialismo han abrazado la reapertura del caso como una prueba de lo que denominan la descomposición del viejo régimen. Para ellos, desmontar la “verdad histórica” no es solo un acto de justicia, sino la confirmación de que el poder en México, durante décadas, operó bajo lógicas oscuras.
Del otro lado, el PAN enfrenta una de sus posiciones más incómodas. Las menciones indirectas a figuras como Genaro García Luna dentro de la narrativa del caso han sido interpretadas por el panismo como un intento de persecución política. Su defensa no es jurídica, es política: deslegitimar la investigación.
El PRI, por su parte, vive una contradicción existencial. Colosio es su símbolo más poderoso… y, al mismo tiempo, su mayor fantasma. Mientras algunos sectores exigen que se llegue hasta las últimas consecuencias, otros temen que la verdad —si llega— alcance nombres que aún pesan.
Movimiento Ciudadano introduce una dimensión distinta: la humana. La voz de Colosio Riojas no pide revancha, sino cierre. No exige castigo, sino reconciliación. Pero en un sistema político que vive del conflicto, el perdón no siempre es rentable.
II. La justicia frente al tiempo
La reapertura judicial del caso ha reactivado elementos que durante años permanecieron en la sombra: pruebas periciales, testimonios contradictorios, líneas de investigación abandonadas.
Sin embargo, el verdadero dilema no es técnico, sino estructural:
¿puede el Estado juzgar con imparcialidad un crimen que, presuntamente, involucra al propio Estado?
La Suprema Corte, en este contexto, no solo enfrenta un expediente; enfrenta la posibilidad de redefinir los alcances de la justicia en México. Resolver un caso de hace más de 30 años implica navegar entre el derecho a la verdad, la prescripción, la validez de pruebas y la presión política.
No es solo un juicio. Es un precedente histórico.
III. La verdad: entre justicia y conveniencia
El riesgo más grande no es que no se conozca la verdad.
El verdadero riesgo es que se construya una “nueva verdad” al servicio del presente.
Porque en México, la historia no siempre se escribe con pruebas… a veces se redacta con poder.
Si el caso Colosio se convierte en herramienta electoral rumbo a 2027, su desenlace perderá legitimidad, incluso si contiene elementos ciertos. Y si, por el contrario, se abandona nuevamente, confirmará la peor sospecha: que hay verdades que el sistema no está dispuesto a revelar.
IV. La deuda que sigue vigente
Colosio no solo fue asesinado. Su discurso también quedó inconcluso.
Cuando habló de un México con hambre y sed de justicia, no describía su tiempo; describía el nuestro.
Hoy, esa frase resuena con más fuerza que cualquier expediente judicial.
Porque la justicia para Colosio no se medirá únicamente en sentencias, sino en algo mucho más profundo:
en la capacidad del Estado mexicano de demostrar que puede juzgarse a sí mismo.
Al final, la pregunta sigue en pie:
¿Queremos saber la verdad… o solo una versión que nos permita seguir adelante?
Porque en México, la verdad absoluta no solo es difícil de alcanzar.
También puede ser incómoda de sostener.

