Apuntes de un Testigo
México 2026: el ajedrez ya empezó
Por: Rafael Escobar
México no está esperando el 2027.
México ya está jugando el 2027.
A un año de las elecciones intermedias, el tablero político se mueve con una anticipación que revela dos cosas: el tamaño del poder en disputa y el nivel de incertidumbre que lo rodea. No estamos ante una elección más; estamos frente a la consolidación —o fractura— del nuevo régimen político.
El ajedrez ya empezó.
Morena: hegemonía con fisuras
Morena llega como el jugador dominante. Control territorial, narrativa social consolidada y una maquinaria electoral que ha demostrado eficacia. Pero como toda fuerza en el poder, su principal riesgo no está enfrente… está adentro.
Las reformas impulsadas por la presidenta Claudia Sheinbaum han fortalecido su posición institucional, pero al mismo tiempo han tensado la relación con sus aliados. El Partido Verde, siempre pragmático, ya dejó ver que su lealtad tiene precio. El PT, más ideológico, busca mantener espacios de influencia que no siempre están garantizados.
El verdadero campo de batalla no será la oposición, sino las candidaturas.
En Morena, la encuesta no mide solo preferencias: decide destinos políticos. Y ahí es donde históricamente surgen rupturas silenciosas, migraciones estratégicas y candidaturas “rebeldes”.
Si Morena logra mantener la unidad, dominará 2027.
Si no, abrirá la puerta a sus adversarios sin que estos tengan que hacer demasiado.
PAN y PRI: la oposición que no termina de nacer
La oposición tradicional enfrenta un problema más profundo que la falta de votos: la falta de identidad.
El PAN intenta relanzarse. Habla de ciudadanía, de primarias abiertas, de reconectar con la clase media urbana. Tiene bastiones sólidos —Querétaro, Aguascalientes— pero no logra construir una narrativa nacional que entusiasme más allá de sus zonas de confort.
El PRI, en cambio, sobrevive.
No compite: resiste.
Alejandro Moreno apuesta por estructuras como los “Defensores de México”, intentando replicar el músculo territorial de Morena. Pero el problema del PRI no es organizativo, es existencial: la marca pesa más que su historia.
Su única posibilidad real es la alianza.
Fuera de ella, el escenario es brutal: irrelevancia progresiva.
Y aun en alianza, la pregunta persiste:
¿qué están ofreciendo que sea distinto?
Movimiento Ciudadano: entre promesa y cálculo
Movimiento Ciudadano juega una partida distinta. No se suma, no se diluye, no se subordina. Se presenta como alternativa, como “lo nuevo”, como el futuro frente a los residuos del pasado.
Pero esa apuesta tiene riesgos.
MC depende de figuras, de narrativa digital, de posicionamiento mediático. Sus gobiernos en Jalisco y Nuevo León son su vitrina… y también su talón de Aquiles.
Su oportunidad es clara: captar a los inconformes.
De Morena, del PAN, del PRI.
Si lo logra, puede convertirse en segunda fuerza.
Si no, seguirá siendo un actor relevante… pero no decisivo.
2027: el factor invisible
Hay un elemento que aún no está en la boleta, pero que puede definir la elección: los nuevos partidos.
Cada elección intermedia abre la puerta a nuevas fuerzas políticas que, lejos de ganar, fragmentan. Y en un escenario donde la oposición ya está dividida, cualquier dispersión adicional puede terminar consolidando la hegemonía oficial.
Paradójicamente, el mayor aliado de Morena podría no ser su fortaleza… sino la fragmentación de sus adversarios.
El verdadero juego
El 2027 no se va a decidir en campaña.
Se está decidiendo hoy.
En las candidaturas que se negocian.
En las rupturas que se incuban.
En las alianzas que se posponen.
Y en los liderazgos que no terminan de aparecer.
México vive un momento peculiar: una fuerza dominante con grietas internas y una oposición que aún no logra convertirse en alternativa.
Ese es el tablero.
Y en ese tablero, la pregunta no es quién quiere ganar…
sino quién está realmente preparado para hacerlo.

