Apuntes de un Testigo…
Canibalismo veracruzano: cuando todos son aliados… hasta que dejan de ser útiles
Por: Rafael Escobar
El poder absoluto tiene una cualidad curiosa: no implosiona por la presión de sus enemigos, sino por el hambre de sus propios hijos.
Durante años, MORENA construyó su hegemonía sobre una narrativa moral: la pureza frente a la corrupción, el pueblo frente a la élite, la historia frente al pasado. Pero como todo partido “atrapalotodo”, su verdadero enemigo nunca fue la oposición. Fue su propio éxito.
Hoy, sin el liderazgo cotidiano del fundador que fungía como árbitro supremo, el movimiento ha entrado en su fase más peligrosa: la del canibalismo político.
Ya no se trata de ganar elecciones. Se trata de sobrevivir dentro del poder.
Y en ningún lugar este fenómeno es más evidente que en Veracruz.
Veracruz nunca ha sido un estado para ingenuos. Aquí, la política no se rige por ideologías, sino por la ley más antigua del poder: la utilidad.
La llegada de Rocío Nahle al gobierno no fue solo una transición administrativa. Fue un cambio de propietario.
El mensaje ha sido claro, aunque nadie lo diga en voz alta: el poder no se hereda, se toma.
Esto ha generado un fenómeno previsible: la orfandad política.
Durante el sexenio anterior, muchos alcaldes, diputados y operadores construyeron su ascenso bajo la sombra protectora de un sistema que hoy se está desmantelando pieza por pieza. Sin ese blindaje, han descubierto la verdad más incómoda del poder: nadie es intocable, solo temporalmente necesario.
La disciplina, en Veracruz, no se construye con discursos. Se construye con auditorías.
Pero si hay una familia que entiende el principio de supervivencia política, es el clan Yunes.
Durante dos décadas han sido oficialismo y oposición, aliados y enemigos, sistema y antisistema. No por incoherencia, sino por instinto.
Su verdadera ideología nunca fue el PAN. Fue el poder.
Hoy, rechazados públicamente por el nuevo oficialismo estatal, pero tolerados estratégicamente por el poder nacional, los Yunes operan en ese territorio ambiguo donde habitan los actores que no han muerto, pero tampoco han sido invitados a la mesa principal.
Son el recordatorio viviente de una verdad incómoda para todos: en política, nadie desaparece. Solo cambia de máscara.
Veracruz y Boca del Río siguen siendo sus bastiones. No porque el pasado los respalde, sino porque el presente aún los necesita.
Porque incluso el poder que desprecia, negocia con aquello que no puede destruir.
El verdadero riesgo para MORENA en Veracruz no es la oposición. Es el espejo.
Hacia el exterior, el partido sigue siendo una maquinaria electoral formidable. La oposición tradicional, fragmentada, desprestigiada y sin narrativa, difícilmente representa una amenaza inmediata.
Pero hacia el interior, la cohesión se ha convertido en una ilusión.
Los grupos que ayer compartían proyecto hoy comparten desconfianza.
Los operadores que ayer se protegían hoy se vigilan.
Y los aliados de ayer se preparan, silenciosamente, para convertirse en los acusadores de mañana.
Porque en el nuevo ecosistema político, la lealtad ya no es un valor. Es una condición temporal.
En este nuevo orden, la justicia ha adquirido una cualidad peculiar: su precisión selectiva.
No actúa contra todos.
Actúa contra los que dejaron de ser útiles.
En Veracruz, esto no es una anomalía. Es el método.
Las investigaciones no solo buscan castigar el pasado. Buscan diseñar el futuro.
Eliminar obstáculos. Disciplinar rebeldes. Recordar a todos que el poder no es una garantía. Es un préstamo.
MORENA gobierna Veracruz.
Nahle administra el presente.
Los Yunes esperan el futuro.
Y todos, absolutamente todos, saben que en política el verdadero enemigo nunca es el adversario visible…
Es el aliado que empieza a dejar de necesitarte.

