Apuntes de un Testigo…

La Resiliencia de Pepe Yunes y la Reinvención de la Oposición

Por: Rafael Escobar

En política, las derrotas no siempre significan el final; a veces son el crisol donde se purifica el carácter. Veracruz, tras el vendaval electoral de 2024, parecía condenado a la uniformidad del poder absoluto, a ese silencio incómodo donde la pluralidad se vuelve apenas un recuerdo. Pero la política, como la naturaleza, aborrece el vacío. Y en medio de ese paisaje dominado por la inercia guinda, una figura ha comenzado a emerger no con estridencia, sino con algo más poderoso: consistencia.

José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla no ha regresado porque se haya ido. Su presencia nunca dependió del cargo, sino del peso específico de su trayectoria. En un tiempo donde la política se ha degradado en espectáculo y ocurrencia, Pepe representa una anomalía cada vez más escasa: la seriedad.

No es casualidad que su nombre vuelva a pronunciarse en voz baja en los cafés donde se piensa el estado, ni que su figura resurja en las conversaciones donde se habla del futuro y no solo del presente. Pepe no es producto del marketing ni de la coyuntura; es resultado de una vida entera caminando el territorio, escuchando a la gente sin cámaras y construyendo, paso a paso, una credibilidad que no depende de algoritmos ni de propaganda.

La derrota de 2024, lejos de extinguirlo, lo definió. Porque hay políticos que existen mientras ganan, y hay políticos que trascienden incluso cuando pierden. La diferencia entre ambos no es el resultado electoral, sino la sustancia moral que los sostiene.

Veracruz enfrenta hoy un fenómeno silencioso pero profundo: el desgaste natural del poder absoluto. Morena, convertido en sistema, comienza a exhibir las fisuras inevitables de toda estructura que ha crecido demasiado rápido. Las promesas que alguna vez encendieron la esperanza comienzan a enfrentarse con la compleja realidad de gobernar. Y es precisamente en esos momentos cuando la sociedad vuelve la mirada hacia quienes representan equilibrio, experiencia y prudencia.

Pepe Yunes encarna ese equilibrio.

No es el político de la furia, sino el de la resistencia. No es el hombre del escándalo, sino el de la permanencia. Mientras otros desaparecen después de la derrota, él permanece. Y permanecer, en política, es una forma de victoria.

El verdadero momento de prueba no será 2030, sino 2027. Ahí se definirá si la oposición es capaz de reconstruirse como una fuerza racional o si seguirá fragmentada en la irrelevancia. Pepe no necesita protagonizar esa elección para influir en ella. Su papel es más profundo: convertirse en el punto de gravedad alrededor del cual se reorganice una oposición que hoy carece de brújula.

Porque más allá de los partidos, Pepe representa una idea que Veracruz no ha olvidado: la política como vocación, no como oportunismo.

En un tiempo de improvisaciones, su preparación.
En un tiempo de estridencias, su sobriedad.
En un tiempo de ambiciones cortas, su paciencia.

La historia política no se construye con victorias inmediatas, sino con resistencias prolongadas. Y en esa lógica, Pepe Yunes no es una figura del pasado, sino una posibilidad del futuro.

Veracruz, tarde o temprano, volverá a necesitar certezas.

Y cuando ese momento llegue, descubrirá que Pepe nunca se fue.

Rafael Escobar
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