Silencio en las Escolleras: El Asedio Político al Foro Boca
Apuntes de un Testigo
Por: Rafael Escobar
La arquitectura, cuando es honesta, no solo ocupa espacio: narra una visión de futuro. El Foro Boca —esa mole de concreto que emula las escolleras del Jamapa— nació como símbolo de modernidad cultural, como declaración de que Veracruz podía aspirar a la excelencia sin complejos.
Hoy, sin embargo, sus muros no vibran por la potencia de Mahler ni por la profundidad de Beethoven. Vibran por algo más incómodo: el eco de la miopía política.
Bajo la batuta del Maestro Jorge Mester, la Orquesta Filarmónica de Boca del Río no fue un ornamento municipal. Fue una institución de alto nivel, una apuesta disruptiva: demostrar que la alta cultura no es privilegio de élites, sino derecho ciudadano. La excelencia no como lujo, sino como mensaje social.
Porque cuando elevas el estándar artístico, también elevas la autoestima colectiva.
Pero la política local —esa que convierte la cultura en rehén de disputas administrativas— decidió retirar subsidios intermunicipales estimados en más de 25 millones de pesos anuales. La consecuencia no es abstracta: es concreta, visible y dolorosa.
Hoy circula un cartel que anuncia:
“Juan Gabriel Sinfónico – A beneficio de los músicos.”
No es solo un concierto. Es una confesión institucional.
Músicos de nivel internacional, formados durante años, recurriendo a la solidaridad ciudadana para sostener lo que debería ser política pública estable. Cuotas de recuperación de $300 y $400 pesos para evitar el colapso.
Eso no es gestión cultural. Eso es pasar la charola.
Pero el golpe más delicado no lo reciben los melómanos. Lo reciben los casi 300 niños de colonias populares que integran el programa “Orquestando Armonía”. Para ellos, el Foro Boca no es un recinto de concreto vanguardista. Es refugio. Es disciplina. Es alternativa a la violencia.
Cuando una orquesta se debilita, no solo se pierden conciertos. Se pierde estructura social.
El salitre no solo erosiona el concreto; también erosiona proyectos cuando falta voluntad política para sostenerlos. Mientras algunos celebran “ahorros” o “reordenamientos administrativos”, se está desmontando un motor de paz que tomó casi una década construir.
La política es efímera. Los cargos caducan.
Pero el vacío cultural genera cicatrices generacionales.
El próximo jueves 26, cuando las notas de Juan Gabriel llenen el Foro Boca, no asistiremos a una gala nostálgica. Asistiremos a un acto de resistencia cívica. A una defensa simbólica de lo que aún creemos que merece sobrevivir.
Porque una ciudad que obliga a su orquesta a pasar la charola no está ahorrando dinero.
Está hipotecando su alma.

