Sacrificio y austeridad, viven artesanos de palmas foráneos para lograr unos cuantos pesos.

Danytza Flores.

Veracruz, Ver -Cada año, cuando la primavera comienza a florecer, una pequeña caravana proveniente de Tehuacán, Puebla, emprende un viaje cargado de significado y esperanza hacia Veracruz, con el objetivo de vender sus artesanías elaboradas hasta con seis meses de anticipación, para la celebración del Día de Ramos, que da inicio a la celebración de pascuas en la iglesia católica.

En el corazón de esta travesía se encuentra Cristina Vázquez García, una mujer cuya historia se entrelaza con la tradición y el trabajo de su familia.

La historia de la familia Vázquez García está arraigada en las calles de Tehuacán, donde generaciones han dedicado sus vidas a la producción artesanal de ramitos y crucifijos de palmas, trigo y cebada con los que se celebra el Domingo de Ramos.

Desde que era una niña, Cristina recuerda cómo su madre se sumergía en el trabajo, convirtiendo la habilidad de sus manos en un sustento para la familia.

“De las ganancias que reciben mis padres sacaron adelante una familia con tres hijas”, comparte con orgullo.

El ciclo de preparación de las artesanías con la que se celebra la preparación para la Semana Santa comienza mucho antes de que las multitudes se congreguen en las iglesias y calles de Veracruz.

“El trabajo lo empiezan desde octubre de un año antes”, revela Cristina, describiendo un proceso meticuloso que implica meses de dedicación y esfuerzo.

Sin embargo, el camino hacia el éxito está marcado por obstáculos que desafían la fortaleza de la familia Vázquez García.

“No gastamos en hotel porque nos quedamos aquí afuera de la iglesia”, confiesa Cristina, revelando una realidad de sacrificio y austeridad que define su estilo de vida durante la temporada de ventas.

Comparte que para aminorar gastos también procurar comer en lugares baratos y de preferencia comprar los ingredientes para elaborarse ellas mismas sus propias comidas.
Este año, las dificultades se intensificaron debido a la escasez de lluvias en Tehuacán, una situación que amenazaba con alterar el equilibrio frágil de su negocio.

El impacto de la modernización también se hace sentir en la rutina diaria de la familia Vázquez García.La disminución en el número de vendedores y artesanos en su pueblo también es otro tema que preocupa a Cristina.

Los precios de las artesanías se mantienen estables a pesar de los desafíos económicos y las adversidades que comentó.

Con cada artesanía que venden, llevan consigo la historia de su familia y la esencia de Tehuacán a cada rincón de Veracruz, para todos los feligreses católicos que compran algunas de sus piezas antes de entrar a la iglesia en Domingo de Ramos.