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El que no cae, resbala…???

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Isael  Cantú

 

La conseja popular pareciera un dosis concentrada de atención psicoanalítica; a veces pareciera que hurga en el inconsciente colectivo de las masas y expusiera en toda la crudeza lo que son: ¡viles humanos condenados a caer siempre en los infiernos por pecadores y criminales!

Pero no es así, las masas no tienen inconsciente por que simplemente son una abstracción; un ente creado por la mente humana para representar la suma de conductas, de los que si tienen, inconsciente: el ser humano individual, de carne y hueso, músculos y sistema nervioso central.

La frase es la respuesta relativa (axiológicamente hablando) a la certeza que exige una norma; cualquiera, puede ser jurídica, moral o ética, cuando ésta (la norma) es imperativa y no deja lugar a dudas, se puede enunciar: ¡No desearás a la mujer de tu prójimo! U otra en sentido positivo: Comete el delito de homicidio quien priva de la vida a otro o más suave y de etiqueta: ¡no comas con la boca abierta!

Aplicable a todos los entes éticos y de razón, la norma pone un piso parejo que norma la conducta, estará en las condiciones y circunstancias en que actúa el agente para que se cumpla o se incumpla y, a partir de ahí, se construya la figura “relativista” de que estando en el mismo piso, parejo y al parecer enjabonado, las posibilidades son dos: resbalar o caer.

Pero esto es inherente, de manera más objetiva, a la cultura que crea esos principios éticos, morales y jurídicos y sobre todo a aquella que se ha construido sobre la falibilidad humana, basada en que se nace y se vive pecador; y no a la virtud humana que se levanta por encima de otras especies y es capaz de concebirse como un ser ético y lleno de razón. El judeocristianismo y su fundamento axiológico de las indulgencia o más genéricamente el “perdón de los pecados” vino a construir un “espíritu” hipócrita y proclive a la corrupción; no en balde, Martín Lutero el 31 de octubre de 1517 clavó sus 95 tesis en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, condenando el sistema de indulgencias, la avaricia y el paganismo.

Así, los grandes criminales, desde reyes hasta plebeyos, acudieron a la iglesia y a pesar de haber resbalado y caído, tanto en lo moral como en lo criminal; por módicas monedas de oro, recibían la “indulgencia” y volvían al mundo a delinquir.

¿Sobrevive el sistema eclesial en la sociedad civil moderna? ¿Los símbolos y los mitos creados sobre ese sistema penetran y colonizan al sistema laico?: lamentablemente sí y actualmente se encuentra en lo más bajo de la crisis civilizatoria que padecemos: con el sermón del cristo, los curas “presionan, convencen, educan” a los infantes, niños y niñas, para fornicarlos… obviamente en el campo de lo laico, se repite la enseñanza con menor pudor y moral.

Pero todo eso es una brutal engañifa que las clases hegemónicas elaboran como “ideología” y la desparraman en el entramado social, para de esa manera, “justificar” su brutal expolio sobre las clases explotadas… lo peor, es el explotado que se asume como vocero, predicador o pedagogo y repite enajenadamente el pensamiento burgués decadente y de dominio y los ejemplos están a la vista: Juan roba (cae) porque se ha robado una bicicleta de dos mil pesos; Duarte roba (cae) millones de pesos y si bien ambos viven su proceso en la cárcel; los resultados de

sus actos no son por nada equiparables y su manifestación en la vida cotidiana menos: sus familias vivirán infiernos diferentes. Y así por el estilo y mil cuentos y ejemplos más de cómo la ideología de la clase hegemónica hace hablar, como los ventrílocuos a sus muñecos de trapo y de madera, a los “teóricos orgánicos” del sistema.

No todos están alienados ni enajenados; una buena parte de la población se da cuenta de que el piso no es parejo y que andando con la cautela que da la consciencia de un “código ético de justicia y probidad”: ni se cae, ni se resbala en el piso de la corrupción burguesa y neoliberal creada en el presidencialismo autoritario y consolidada por sendos partidos como son el PRI, el PAN y los restos del PRD… los otros partidos son peores que títeres.

Sintomático es que alguien se levante desde el púlpito y con señal admonitoria, haga retumbar las derruidas paredes de su castillo de la pureza, diciendo frente al pecador: ¡El que no cae, resbala! Y es fácil desentrañar ese furor de los conversos; pues lo dice desde el piso, donde su alma pecadora se revuelca o desde el giro acrobático de quien en el resbalón se le torció su corruptible ánima.

La corrupción es, sin duda, la destrucción del Estado de Derecho; la deseducación sobre la norma jurídica y el permiso cultural de robarse los bienes públicos; de usar de manera indebida el cargo público, de abusar del poder, de traicionar la voluntad popular y eso, no es nada divino, sino: ético y político.

Lo que hasta hoy hemos visto es el montaje de un sistema esencialmente corrupto; donde los “servidores públicos” perforaron el Estado de Derecho y a expensas de esa abstracción que es el pueblo: se aprovecharon de él y se volvieron; riquillos y ricotes.

Afortunadamente, los procesos históricos, que a algunos les gustaría que fueran eternos bajo la voluntad de su dios de la corrupción, son simplemente temporales y así como se construye una cultura de la corrupción, de resbalones y caídas, se está construyendo una de respeto a ley y paso firme, que sin importar lo chipotudo del terreno nos está llevando a la creación de un nuevo Estado Social y Democrático de Derecho.

Ni se cae, ni se resbala y quien lo haga en el sentido de delinquir, tendrá que pagarle a la sociedad con pena privativa de la libertad y además resarcir y devolver los bienes robados a la población… seguro que aprenderá a caminar con paso firme. “Hic rhodus, hic salta”.

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