La zona conurbada arranca con pie derecho: cien días que presagian buen puerto
Por: Rafael Escobar
Apuntes de un Testigo…
Hay momentos en la vida pública de una ciudad en que los primeros pasos de un gobierno dicen más que mil promesas de campaña. Este abril, la zona conurbada de Veracruz vive uno de esos momentos. Los tres ayuntamientos que conforman su columna vertebral —Veracruz puerto, Boca del Río y Medellín de Bravo— cumplen sus primeros cien días de gestión, y el balance, con sus matices, apunta hacia una dirección que vale la pena analizar.
Los presidentes municipales del periodo 2026-2029 iniciaron su mandato el 1 de enero de 2026, elegidos por voto popular en las elecciones estatales de 2025. Pero más allá del dato institucional, lo que interesa al ciudadano de a pie es una pregunta mucho más simple y mucho más exigente: ¿están cumpliendo?
Rosa María Hernández Espejo — Veracruz puerto: gobernar desde la calle
La primera alcaldesa morenista del Puerto de Veracruz entendió desde el arranque que los símbolos también gobiernan. En lugar de rendir cuentas desde un recinto cerrado, eligió el parque Malibrán, en la zona de Las Amapolas, para presentar su balance en formato de asamblea pública. El mensaje fue claro: el gobierno sale a la calle o pierde legitimidad.
Y los números acompañan el gesto. En limpia pública, el municipio pasó de 79 rutas de recolección a 120, incrementando la recolección diaria de 500 a 800 toneladas. Se repararon más de 72 mil baches y se atendió directamente a más de 1,800 personas en ocho colonias mediante el programa “Jueves en tu Colonia”.
En infraestructura urbana, se rehabilitaron 134 parques, se limpiaron más de 7,500 metros lineales de canales y se desazolvaron 3,800 alcantarillas. En turismo, el Carnaval 2026 dejó una postal contundente: más de un millón 200 mil asistentes, una derrama económica superior a los 700 millones de pesos y ocupación hotelera total.
Pero gobernar también es reconocer lo que no funciona. El problema del agua potable sigue siendo la gran deuda estructural. La auditoría a Grupo MAS y la decisión de requisar el servicio de alumbrado público no son menores: son señales de confrontación con inercias que durante años drenaron recursos y confianza. Ahora viene lo más difícil: convertir decisiones valientes en resultados tangibles.
Maryjose Gamboa Torales — Boca del Río: la ciudad ejemplo como destino
En Boca del Río, el modelo es distinto, pero complementario. La alcaldesa Maryjose Gamboa ha apostado por institucionalizar la participación ciudadana. El Presupuesto Participativo 2026 ya vive su segunda etapa de votación, permitiendo que los ciudadanos definan directamente el destino de más de 100 millones de pesos en obra pública.
No es un detalle menor. Es trasladar poder de decisión al ciudadano en un país donde históricamente se le ha relegado a espectador.
Su administración ha privilegiado la imagen urbana, el orden y la calidad en los servicios, fortaleciendo algo que no se mide fácilmente en estadísticas, pero que define el éxito de una ciudad: la confianza. Su frase sintetiza el tono de su gobierno: “Somos empleados de los ciudadanos, para eso nos tienen aquí.”
A ello se suma la creación de la Comisión Municipal para la Inclusión de las Personas con Discapacidad, incorporando de forma permanente en la agenda pública a un sector históricamente invisibilizado. Gobernar bien también es decidir quién sí importa.
Samuel Acosta — Medellín de Bravo: transformar desde el territorio
Medellín de Bravo juega en otra escala, pero no en otra lógica. Samuel Acosta ha apostado por la cercanía territorial como eje de gobierno, entendiendo que la legitimidad se construye en las localidades, no en el escritorio.
La modernización de la Biblioteca Pública Municipal Digital “Ángel Ruiz León” en El Tejar puede parecer una acción menor frente a obras de mayor impacto, pero encierra un mensaje potente: el desarrollo también pasa por la educación, el acceso a la tecnología y la dignificación de los espacios públicos.
Antes incluso de asumir el cargo, recorrió comunidades como El Cedral, Palmira, Mata Ortiz y Mozambique, levantando un diagnóstico directo de necesidades en servicios, infraestructura y seguridad. Esa lógica de territorio, si se sostiene, puede convertirse en su principal fortaleza política.
El hilo común: un nuevo estilo de gobernar
Hay algo que conecta a los tres gobiernos más allá de colores, estilos o discursos: la decisión de salir del escritorio y pisar la calle. La política de proximidad no como discurso, sino como práctica.
Los tres han apostado por la rendición de cuentas abierta. Los tres entienden que la zona conurbada no puede seguir operando como islas administrativas, sino como un solo sistema urbano interdependiente. Y los tres, en mayor o menor medida, están intentando reconstruir una relación básica: la confianza entre gobierno y ciudadano.
Cien días no consolidan una administración, pero sí revelan su intención. Y en política local, la intención es destino.
La conurbada veracruzana lleva cien días acostumbrándose a algo distinto: gobiernos que se mueven, que comunican y que, al menos por ahora, responden.
El reto no es empezar bien. El verdadero desafío es no soltar el ritmo.
Porque en Veracruz, como en cualquier puerto, lo difícil no es zarpar… es mantenerse a flote.

