El silencio de la ignorancia: cuando la cultura se mide con ignorancia
Por: Rafa Escobar
Hay una frase que se repite como fórmula barata en tiempos electorales: “las calles importan más que los violines”. Suena lógica. Suena “pueblo”. Pero es una trampa. Una trampa ideológica que empobrece a la sociedad mientras presume austeridad.
Porque sí: claro que importan las calles. Importa el drenaje. Importa la iluminación. Pero quien crea que una ciudad se construye únicamente con concreto, no está gobernando: está administrando el atraso.
Hoy se ataca la inversión en la Orquesta Filarmónica y el Foro Boca como si fueran un capricho elitista, un exceso, un lujo innecesario. Esa crítica no es técnica. Es ignorancia disfrazada de virtud.
El Foro Boca: no es un “gasto”; es una obra de ciudad
Reducir el Foro Boca a “cultura con concreto” es negarse a mirar lo evidente: el Foro no solo es arquitectura. Es urbanismo, economía y proyección internacional.
Antes del Foro, esa zona era un espacio muerto. Después, es un polo que genera plusvalía, turismo, identidad y presencia pública. Criticar su mantenimiento es tan absurdo como criticar el mantenimiento del puente, del boulevard o de un hospital. La infraestructura cultural también es infraestructura estratégica.
Una ciudad sin símbolos, sin belleza y sin pensamiento es una ciudad dócil. Y una ciudad dócil es terreno fértil para la violencia.
Orquestando Armonía: el rescate que los cínicos no quieren ver
Aquí está el punto que desmonta por completo el discurso del “exceso”.
La Orquesta no es solo conciertos. El corazón social del proyecto es Orquestando Armonía: niños y jóvenes de colonias vulnerables que reciben formación musical, disciplina, pertenencia y horizonte.
Un niño con instrumento en mano es un niño lejos de la calle vacía.
Un adolescente con ensayo diario es un adolescente fuera del reclutamiento criminal.
Un grupo que aprende armonía aprende también reglas, respeto, equipo, paciencia, esfuerzo.
Eso se llama prevención real. No discurso. No propaganda. Prevención de la más efectiva: la que forma carácter.
Y sí: esto también es seguridad pública. Mucho más que una patrulla dando vueltas.
La falacia del “gasto millonario”
Se escandalizan por 25 millones de pesos al año. Repitámoslo con claridad: 25 millones.
En cultura seria, internacional y profesional, esa cifra es austera.
Las grandes orquestas del mundo operan con decenas de millones de dólares anuales. Y aun así dependen de subsidios públicos y patronatos. La cultura excelente nunca ha vivido solo de taquilla.
Entonces no: aquí no hay despilfarro. Hay una inversión extremadamente eficiente que logra algo que muchos gobiernos no consiguen con presupuestos enormes: impacto social directo.
Y hay que decirlo sin rodeos:
quien pide apagar la música “para atender lo urgente”, no entiende que lo urgente también es evitar que nuestra juventud sea devorada por la violencia y el vacío.
La política del resentimiento
“Es una orquesta ajena”, dicen algunos.
Qué frase tan pequeña.
La cultura no tiene fronteras municipales. La música no pregunta tu credencial. No distingue si eres de Boca, Veracruz o Medellín. La música —como el conocimiento— eleva o se extingue, y cuando se extingue, lo que crece es la brutalidad.
Una ciudad que renuncia a su cultura renuncia a su futuro.
Y alguien que presume su fuerza apagando instrumentos, en realidad está confesando su incapacidad para construir comunidad.
Conclusión: el precio del silencio
La pregunta no es cuánto cuesta la Filarmónica.
La pregunta es cuánto nos va a costar como sociedad el silencio.
Porque los baches se tapan.
Pero el daño cultural —la pérdida de identidad, disciplina, orgullo y aspiración— deja generaciones enteras sin dirección.
Yo prefiero una ciudad con niños afinando su futuro, que una ciudad con calles nuevas donde lo único que se escucha es el ruido del vacío.
Que quede claro:
la Filarmónica no es un adorno. Es un pulmón social.
Y apagarla sería el triunfo del resentimiento sobre la inteligencia.
La ignorancia siempre sale más cara.
Y cuando gobierna, se convierte en tragedia.
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